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Hoy me enfrenté de repente a una mirada extraviada que por mucho que lo intentaba ya no recordaba mi nombre y el cielo se me abrió de golpe dejando caer sobre mí recuerdos dolorosos por otra mirada similar que se fue apagando a mi vera durante años como un candil al que se le agotaba la mecha. Ver así a un ser querido es totalmente desgarrador y devastador porque tus manos quedan atadas a la incapacidad de acción contra una lucha perdida de antemano.

Esta vivencia personal se une además a que en muy poco tiempo me he enfrentado a la lectura de unas cartas abiertas de dos personas a sus respectivos progenitores que estaban huecos de vida por dentro por una maldita enfermedad que transparenta los recuerdos hasta hacerlos desaparecer. Quien no conoce esta enfermedad o cualquier otra de su misma familia de usurpadores de recuerdos de una vida no entiende lo duro que es enfrentarse a una todopoderosa goma de borrar que cada minuto te aleja un abismo de un ser querido sin que puedas hacer nada por mucho que te esfuerces.

Y entonces yo me pregunto ¿qué hará ese ladrón de recuerdos llamado Alzheimer con todos esos recuerdos que conformaban una vida? ¿Por qué se obsesiona en arrasar con la vida de una persona para sumirla en la más absoluta soledad interior sin capacidad de huida? ¿Por qué se empeñará en asaltar a este, a aquel y al de más allá para vaciarlo por dentro?

A pesar de estas dolorosas preguntas sin respuesta yo estoy convencida de una cosa. Cuando esos entrañables enfermos que significan y han significado tanto en tu vida te miran profundamente a los ojos con esa mirada perdida sin retorno y tú les sujetas la mano, existe en su interior un rincón en el que todos los que hemos conformado su vida no solo somos recuerdo, aunque no lo parezca, sino que somos su vida presente. Y en ese ínfimo rincón de su interior cargado de olvido pero al cual ni el Alzheimer tiene acceso, tú eres y serás la niña o el niño de sus ojos, el familiar, el amigo, el amante, el confidente y él o ella el hombre o la mujer que fue. No podrá expresarlo porque ahí la enfermedad sí ganó la batalla pero en ese microsegundo de conexión e intercambio de miradas es cuando esa persona es la que algún día fue y tú la que eres ahora y desconoce pero reconoce en un microsegundo que nunca será suficiente pero que es lo único que puede escapar de esas garras del olvido y donde por un momento se vuelve a estar juntos.

Estas letras no iban a salir a la luz, mejor dicho, estos sentimientos se supone que no se iban a despertar en público, pero empujada por la sensación de que alguien pueda encontrar consuelo en una breve sucesión de palabras escritas desde el corazón me he visto empujada a ponerlas negro sobre blanco y lanzarlas al aire. De esta forma permanecerán por si alguien las necesita cuando el aliento se corta porque el ladrón silencioso de recuerdos se presenta sin ser convocado a borrar la vida de una persona de tu mundo. Si sucede, aunque duela, no dejen de mirar a sus seres queridos a los ojos en busca de ese microsegundo de conexión. Intentarlo es querer darles un microsegundo de vivencia en una nube de olvido.

Mayo @letrasdesal

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