Si lo escribo

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Lo difícil de enfrentarse a una hoja en blanco no es escribir sino apretar bien fuerte los dedos para que entre ellos no se escapen las palabras más íntimamente sentidas, las que encierran los verdaderos motivos por los que en este preciso momento estoy cara a cara frente a esta hoja en blanco inaugurando el nuevo año. Y eso de apretar los dedos no es porque me avergüence por lo sentido y no quiera dejarlo por escrito. No, esto no es pudor. Es porque a veces tengo la sensación que si lo escribo, si lo materializo, si esto toma forma palabra por palabra pues tengo miedo que deje de ser mío, tengo miedo de perderlo para siempre y tengo miedo de no recuperarlo por mil millones de veces que lo volviera a leer.

Los sentimientos son caprichosos y además algunos difíciles de expresar. Porque si se expresan con palabras toman forma; si toman forma adquieren consistencia; si adquieren consistencia se les asigna un nombre y si se les asigna un nombre… tal vez sea el comienzo del fin para dejarlos de sentir. Esta sencilla explicación es la causa de que ciertos sentimientos nunca los pueda expresar porque no encuentro palabras para describirlos y por eso los dejo encerrados en medio de mis silencios.

Así que aquí, apretando los dedos y aflojando el corazón, puedo decir que hoy los motivos que me empujaron a escribir siguen encerrados en mí.